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La historia antigua de Sanat Kumara.

Sanat Kumara

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en el, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

APOCALIPSIS 20:11; 1:8

Almas de los santos vestidos de blanco:

Vengo del gran trono blanco, el YO SOY EL QUE YO SOY en la persona del Anciano de Días.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, me siento en el asiento de autoridad.

YO SOY aquel de cuyo rostro huirán la tierra y el cielo, y no se encontrará lugar para la progenie del maligno.

AUM.

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Mi corazón es el corazón de la Trinidad.

Mi corazón es el corazón de Dios.

A través de mi corazón fluye desde el Uno el río puro del agua de la vida, clara como el cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero, que es la base de los mundos arriba y abajo.

He aquí, YO SOY el Alfa y la Omega de ese agua de la vida.

YO SOY el emisario del más y el menos del flujo perpetuo de la aurora de lo alto.

Esta es el agua del Cordero que desciende desde la Fuente Universal, de corazón, a corazón, a corazón.

Y para aquel que la recibe del Cordero encarnado, es el elixir, primero de sabiduría, después del entendimiento de esa sabiduría y, finalmente, es la iluminación completa del alma.

Y el agua vertida por el Gurú en el cáliz levantado del chela, será en él, un manantial de agua que mana a la vida eterna.

Y el chela que crea en el Cordero, el Gurú encarnado, como ha dicho la escritura: «de su vientre correrán ríos de agua viva».1

Y así, Maitreya viene para iniciaros en la iniciación del agua y en vuestra maestría Divina de las emociones — las energías de Alfa y Omega contenidas en el cuerpo emocional, y emitidas por el chakra de diez pétalos del plexo solar, el vientre.

Este poderoso flujo de ríos de agua viva es la verdadera señal de los chelas vivos del Gurú vivo.

¡Que el cuerpo del deseo sea limpiado!

¡Que la motivación del corazón sea purificada!

¡Que todo vuestro desear sea el desear de Dios en vuestro interior para restablecer el alma en el flujo equilibrado del agua como el flujo descendente dador de vida de Alfa y Omega!

¡He aquí, es ese fuego sagrado que es el caduceo que se eleva, sostenido en el equilibrio del más y del menos por vuestra meditación sobre las corrientes descendentes/ascendentes como agua y fuego que se mezclan, dando vida!

¡Por tanto, que el agua de la vida purifique el alma!

¡Por tanto, que el fuego sagrado vuelva a infundir en las células del cuerpo vivo de Dios, una por una, la presencia personal de la Palabra!

¡Contemplad la imagen del Señor Cristo y de su Cordero en cada célula del cuerpo de Dios, por los siglos de los siglos!

El más sagrado tesoro, Nicholas Roerich

Vosotros me llamáis Sanat Kumara, y me conocéis como aquel que estuvo ante el consejo cósmico conocido como el Consejo de los Ciento Cuarenta y Cuatro.

Me conocéis porque fuisteis testigos de mi súplica formulada para las evoluciones de la Tierra y en su nombre, que ya no conocían la presencia del Cordero, que por desobediencia fueron apartadas del Gurú vivo.

Me conocéis como quien se ofreció para encarnar la llama trina en la Tierra para las evoluciones que evolucionan en los siete planos del ser —fuego, aire, agua y tierra.

El Consejo Cósmico había decretado la disolución de la Tierra y sus evoluciones porque las almas de sus hijos ya no adoraban la Trinidad en la llama trina de la vida que arde en el altar del corazón.

Se habían convertido en las ovejas descarriadas.

Con su atención fijada en la manifestación exterior, habían abandonado voluntaria e ignorantemente el caminar interior con Dios.

No conocían al hombre oculto del corazón, ese bendito Ishwara, y las siete velas ya no ardían en las siete ventanas.

Hombres y mujeres se habían vuelto vacíos, sus chakras, agujeros negros en el tiempo y el espacio; y sus templos desocupados se convirtieron en los sepulcros de los muertos; y los espíritus de los muertos hicieron su morada en sus casas desocupadas.

Por ello, recibieron el juicio de los Ciento Cuarenta y Cuatro igual que sus descendientes oirían la denuncia del Hijo de Dios.

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Por consiguiente, la luz de los templos se había apagado y el propósito para el cual Dios había creado al hombre —para ser el templo del Dios vivo —había dejado de cumplirse.

Todos eran muertos vivientes, recipientes de Materia sin una luz que les diera alma, cascarones vacíos.

En ninguna parte de la Tierra había una escuela de misterios —ningún chela, ningún Gurú, ningún iniciado del sendero de iniciación hacia la Cristeidad.

Nicholas-Roerich-Moses-Great-Leader

La hora del juicio había llegado y el que se sienta en el trono, en el centro de las doce veces doce jerarquías de luz, había pronunciado la palabra que era el consenso unánime de todos:

Que la Tierra y sus evoluciones sean enrolladas como un pergamino y encendidas como una vela del fuego sagrado.

Que todas las energías mal cualificadas sean devueltas al Gran Sol Central para ser polarizadas de nuevo.

Que toda la energía mal utilizada sea alineada de nuevo y recargada con la luz de Alfa y Omega para ser infundida una vez más por el Creador, en la incesante creación de mundos interminables.

¿El requisito de la ley para salvar a Terra?

Era que alguien que estuviera cualificado para ser el Gurú encarnado, el Cordero, estuviera presente en la octava física para sostener el equilibrio y para guardar la llama trina de la vida por toda alma viva y en su nombre.

La ley del Uno dice que la meditación de uno en el Christos Eterno puede contar para los muchos, hasta que los muchos se vuelvan responsables de sus palabras y sus obras y puedan empezar a llevar la carga de su luz, así como el karma de su bien y mal relativos.

Yo elegí ser este uno.

Me ofrecí para ser un llameante hijo de rectitud para la Tierra y sus evoluciones.

Carruaje de Fuego, Pintura de Nicholas Roerich

Tras considerable deliberación, el Consejo Cósmico y el Sin Nombre dieron su aprobación a mi petición y la dispensación de un nuevo plan divino para la Tierra y sus evoluciones vio la luz.

Pues la ley cósmica establece que cuando un jerarca de ciertos grados y dimensiones de conciencia cósmica se ofrece como voluntario para ser el pastor de corrientes de vida que son las ovejas descarriadas, la petición ha de ser concedida.

Donde no hay Gurú, no puede haber chelas; donde no hay pastor, no puede haber ovejas.

Como está escrito: hiere al pastor y serán dispersadas las ovejas.

Pero al Gurú se le puede dar la oportunidad de ser Gurú sólo durante un cierto ciclo; y si al final de ese ciclo los miembros de una oleada de vida, por su obstinación y dureza de corazón, no han respondido como chelas a la llama del corazón del Gurú, entonces el Gurú debe retirarse.

Y lo que pudo haber sido, no puede ser, y entonces, a ningún otro jerarca se le dará la dispensación.

Midnight, Nicholas Roerich

Así pues, me arrodillé ante el gran trono blanco del Sin Nombre, y él me dijo:

“Hijo mío, Sanat Kumara, te sentarás en el gran trono blanco ante las evoluciones de la Tierra.

“Serás para ellas el Señor Dios en las alturas.

“En verdad, serás la más alta manifestación de la Deidad que se les dará, hasta que, a través del sendero de iniciación, sus almas se eleven hasta tu trono de conciencia y permanezcan ante ti alabando al YO SOY EL QUE YO SOY que tú eres.

“Ese día, cuando se levanten y digan, ‘bendición y honra y gloria y poder a aquel que se sienta en el trono y al Cordero por siempre jamás’, he aquí, su redención se acercará”

Y me dijo:

“Por tanto, para las evoluciones de la Tierra serás Alfa y Omega, el principio y el fin, dice el YO SOY EL QUE YO SOY, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”

Y colocó sobre mí su manto de patrocinio del Padre hacia el Hijo, que en mí se convertiría en su patrocinio de una oleada de vida que ahora asumía como propia.

Era un voto de confianza.

Era la iniciación del Padre en el Hijo.

Y me arrodillé ante el Sin Nombre y adoré a Dios, diciendo: “Tú eres digno, oh Señor, de recibir gloria y honor y poder; pues tú has creado todas las cosas y para tu deleite son y fueron creadas.”

Y él, el Gran Gurú, repitió la aprobación, completando así el círculo de devoción.

Reconoció la luz, que él y solo él, había colocado en mi corazón como la imagen flamígera de sí mismo, y a esa imagen dijo:

“Tú eres digno, oh Señor, de recibir gloria y honor y poder; pues tú has creado todas las cosas y para tu deleite son y fueron creadas”.

De este modo, yo estoy en el Padre y el Padre está en mí, y somos uno, por los siglos de los siglos.

Y sin esa unidad no puede haber ni petición ni dispensación alguna, no importa el nivel de evolución que tengáis.

Angeles reunidos alrededor del Planeta Tierra

Y el Consejo de los Ciento Cuarenta y Cuatro, formando un único anillo solar alrededor del gran trono blanco, entonó la Palabra con los grandes seres de luz, formando el círculo interno alrededor del trono, diciendo:

“Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir”.

Y oí el eco de su cántico «santo, santo, santo» durante todo el camino de vuelta hacia la estrella matutina, hacia mi llama gemela a quien conocéis como Venus, y hacia los hijos y las hijas de la Estrella de Amor.

Alados mensajeros de luz habían anunciado mi venida, la disposición del Consejo Cósmico y la dispensación concedida.

Los seis— mis hermanos, los Santos Kumaras, que sostienen conmigo las siete llamas de los siete rayos, el Poderoso Víctory y sus legiones, nuestra hija Meta y muchos siervos hijos e hijas a quienes conocéis ahora como los maestros ascendidos me dieron la bienvenida con una gran recepción.

Aquella tarde la alegría de la oportunidad se mezcló con la tristeza que trae el sentimiento de separación.

Había elegido un exilio voluntario en una estrella oscura.

Estrella del heroe, Nicholas Roerich

Y aunque estaba destinada a ser la Estrella de la Libertad, todos sabían que sería para mí una larga noche oscura del alma.

Entonces, súbitamente, de los valles y las montañas apareció una gran reunión de mis hijos.

Eran las almas de los ciento cuarenta y cuatro mil acercándose a nuestro palacio de luz.

Se acercaron más y más en espirales, en la forma de doce compañías, cantando la canción de libertad, de amor y de victoria.

Su potente canto coral resonó en toda la vida elemental, y los coros angelicales rondaron cerca.

Al mirar por el balcón Venus y yo, vimos la treceava compañía vestida de blanco.

Era el real sacerdocio de la Orden de Melquisedec, los ungidos que guardaban la llama y la ley en el centro de esta unidad jerárquica.

Cuando todos sus efectivos se hubieron reunido, anillo sobre anillo sobre anillo rodeando nuestra casa, y su himno de alabanza y adoración hacia mí hubo concluido, su portavoz se puso ante el balcón para dirigirse a nosotros en nombre de la gran multitud.

Era el alma de aquel a quien hoy conocéis y amáis como el Señor del Mundo, el Buda Gautama. Y se dirigió a nosotros, diciendo:

“Oh, Anciano de Días, hemos sabido de la alianza que Dios ha hecho contigo hoy y de tu compromiso para guardar la llama de la vida, hasta que algunos de entre las evoluciones de la Tierra sean acelerados y renueven una vez más su voto de ser portadores de la llama.

“Oh, Anciano de Días, para nosotros tú eres nuestro Gurú, nuestra vida, nuestro Dios.

“No te dejaremos sin consuelo.

“Iremos contigo.

“No te dejaremos ni por un momento, sin el anillo sobre anillo de nuestro discipulado.

“Iremos a la Tierra.

“Prepararemos el camino.

“Guardaremos la llama en tu nombre.”

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Y así, según me dirigió el Señor Dios, elegí de entre ellos a cuatrocientos hijos e hijas siervos que precederían a los ciento cuarenta y cuatro mil para preparar su llegada.

Pues aunque conocían la oscuridad de la estrella más oscura, en realidad no sabían, como yo sí sabía, el verdadero significado del sacrificio que estaban ofreciendo en nombre de su Gurú.

Lloramos de alegría, Venus, yo y los ciento cuarenta y cuatro mil.

Y las lágrimas que se derramaron en aquella tarde memorable ardieron como el fuego sagrado vivo que fluye como el agua de la vida desde el gran trono blanco y el Consejo Cósmico, nuestros patrocinadores.

Volveré de nuevo para continuar la historia que se despliega de los pliegues de la vestidura de la memoria del Anciano de Días.

Oh, hijos míos, YO SOY todavía vuestro